ya falta menos, lo siento en el aire y en el cuerpo y en el calendario.
ya estoy casi lista, creo. faltan trámites y valijas y ropa y detalles. falta el grupo, la logística, la organización fina. pero estoy casi lista mentalmente, emocionalmente.
es largo el camino hacia el viaje. y un poco paradójico lo de hacer un camino hacia otro camino. es un gran viaje que dura tres años más EL viaje. y todo esto que pasó y está pasando es parte fundamental de la experiencia. las rifas, el llamar a los compradores, pasar a cobrar, perseguirlos un poco, llamar a felicitar. sacarte fotos, darte mil vacunas, llenar formularios, ir a liquidar. escuchar historias, pedir consejos, emocionarse, embalarse y querer irse ya, pensar que vas a extrañar, convencer a los que se quedan de que visiten.
de todas estas cosas lo más lindo son las charlas con la gente que ya lo hizo. esa gente que, en cualquier lado, a lo largo de la carrera, te cuenta su experiencia. esa gente que, en un viaje de muchas horas en bus, te cuenta su viaje personal. y te tranquiliza. porque viajar tanto tiempo con tanta gente es complicado, da miedo, incertidumbre. y ahi viene alguien y te dice que va a estar todo bien; que no va a ser todo risas y la vie en rose, pero que parte de la gracia está ahi: en los momentos en que todo cierra, en la introspección, en hacerte un tiempito para quedarte solo contigo cada tanto, en sentarte media hora en cada iglesia, en el silencio, en mirar un capítulo de tu serie favorita en la ruta, en quedarte unos días más en una ciudad mientras los demás se van; en el conocimiento que lográs acerca de vos mismo.
antes de eso tenía un poquito de miedo: que si no tengo paciencia, que si necesito (como es usual) estar sola, que si nos cuesta ponernos de acuerdo, que si no cumplen lo acordado. ahora sé que voy a estar bien. que el viaje va a estar genial aunque esté sola y que, en una de esas, lo mejor sea eso; que puedo decir "hasta acá llego" y hacer lo que me dé la gana. ya no tengo miedo a bajarme de la camioneta unas semanas para respirar hondo antes de volver. ya no tengo miedo de lo que pueda sentir o necesitar. y todo eso gracias a una charla de bondi, entre teletransportación, almas, planes de estudios, implementaciones y horcruxes, entre dragones, rondas de chistes, experiencias saladas y terapia.
el viaje te hace crecer incluso antes de empezarlo. te ensancha el alma.
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