soy una persona de clase media, media-baja. este viaje me permite conocer lugares y cosas que de otra forma claramente no podría. eso quizás defina el espíritu con el que he encarado los distintos devenires de esta travesía. agradezco cada momento y me emociono a la distancia con la generosidad de un pueblo que hace más de setenta años banca a sus estudiantes para lanzarlos al mundo. agradezco porque sin ellos, sin la fe que depositan en todos nosotros, esta hazaña no sería posible. y es por ellos, y por lo increíble e inusual de todo esto, que yo no vine a amargarme. yo no vine a pasarla mal, no vine a buscarle la quinta pata al gato, no vine a alojarme en hoteles. yo duermo donde pueda dormir, le perdí el asco a las almohadas ajenas y si no me gusta la olla de un lugar la lavo antes de usarla. pero no me amargo, no me quejo, no desprendo negatividad con todo mi cuerpo, no contagio al resto. hay cosas que te decepcionan? que no son lo que esperabas? que incluso te parecen menos de lo que merecés por lo que pagaste? obvio. hubo momentos en los que no pude evitar calentarme? también. pero también aprendí luego en este viaje, en palabras de un amigo que hoy ya es familia, que si algo no tiene solución entonces que no sea un problema. a veces lo mejor que uno puede hacer es callarse, hacerse el boludo, pretender que no escuchó o esbozar una sonrisa. reconocer que algo no es lo que querías pero sin que se convierta en el centro de la conversación. menos que menos durante dos días. porque esto es demasiado increíble para empañarlo con cosas en la chiquita. porque mucha gente puso su granito de arena para que hoy vos y yo nos quejemos de un lugar que la mayor parte de esa gente nunca va a conocer. yo qué sé, me parece un poco culorrot*
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